El canciller Roberto Velasco llega a Washington para su primer encuentro presencial con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en un momento de alta tensión para la relación bilateral. La reunión ocurre mientras el gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta varios frentes con la administración de Donald Trump, desde seguridad y migración hasta comercio y acusaciones de posibles vínculos entre funcionarios mexicanos y organizaciones criminales. La agenda México-Estados Unidos llega así cargada de temas sensibles que pueden definir la cooperación entre ambos gobiernos durante los próximos meses. Aunque Velasco no detalló los asuntos que abordará, su visita busca mantener abiertos los canales de diálogo en una relación marcada por presiones políticas y económicas cada vez mayores.
Uno de los principales desafíos será la seguridad. En México, la situación de Sinaloa volvió a generar atención después de los cambios alrededor del gobierno estatal y las investigaciones relacionadas con presuntas irregularidades en la justicia. Rubén Rocha, señalado por Estados Unidos por presuntos vínculos con el narcotráfico, regresó brevemente a su cargo antes de apartarse nuevamente. El episodio ocurre mientras continúan los enfrentamientos entre facciones del Cártel de Sinaloa. Además, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, participó en una cumbre de la DEA en Argentina, donde recibió reconocimiento por la cooperación mexicana, aunque también surgieron señalamientos sobre corrupción de funcionarios que colaborarían con organizaciones criminales. Estos asuntos podrían ocupar un lugar importante en la conversación bilateral.
En materia comercial, la relación México-Estados Unidos también enfrenta incertidumbre por los nuevos aranceles aplicados por Washington a distintos sectores. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se encontraba en Washington para negociar posibles reducciones a los gravámenes que afectan al acero, aluminio y la industria automotriz mexicana. Estos sectores tienen una fuerte integración con la economía estadounidense y cualquier aumento de costos puede repercutir en empresas, empleos y consumidores de ambos países. Por ello, las negociaciones comerciales adquieren una dimensión estratégica que va más allá de los porcentajes arancelarios. México busca preservar el acceso de sus productos al mercado estadounidense, mientras la administración Trump utiliza las medidas comerciales como una herramienta de presión para obtener concesiones en distintos ámbitos de la relación bilateral.
La migración representa otro punto de fricción. Las políticas de deportación impulsadas por Trump han endurecido el panorama para los mexicanos que viven en Estados Unidos y también han generado preocupación por la posibilidad de enviar migrantes a terceros países. Para el gobierno de Sheinbaum, esta situación implica mantener una coordinación constante con Washington para proteger a los mexicanos y gestionar los retornos. Sin embargo, la migración se cruza con otros temas, especialmente seguridad y comercio, porque Trump ha utilizado los aranceles y otras medidas como mecanismos de presión vinculados con el combate al narcotráfico y el control fronterizo. En este contexto, Velasco tendrá que defender los intereses mexicanos sin romper el diálogo necesario para resolver asuntos que afectan directamente a millones de personas.
La reunión entre Velasco y Rubio será, por tanto, una prueba para la capacidad de ambos gobiernos de contener las diferencias mientras mantienen la cooperación. México necesita reducir la incertidumbre comercial, fortalecer su coordinación en seguridad y enfrentar las consecuencias de las nuevas políticas migratorias estadounidenses. Washington, por su parte, busca mayores resultados frente al narcotráfico y la migración irregular. El reto será evitar que un conflicto en un área termine contaminando las demás. Más que un encuentro protocolario, la conversación entre ambos funcionarios puede servir para establecer las reglas de negociación de una relación que atraviesa uno de sus periodos más complejos. El resultado también permitirá medir hasta dónde pueden llegar las concesiones de cada gobierno sin afectar sus prioridades internas.
