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CÁRTELES MEXICANOS EXPANDEN SU MODELO CRIMINAL A EUROPA, ASIA Y ÁFRICA

Los cárteles mexicanos expanden su modelo criminal a Europa, Asia y África, según un informe de la ONU sobre drogas

Pilar Chavez2 min de lectura
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CÁRTELES MEXICANOS EXPANDEN SU MODELO CRIMINAL A EUROPA, ASIA Y ÁFRICA

Los cárteles mexicanos ya no limitan su presencia internacional al tráfico de drogas. De acuerdo con el Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), las organizaciones criminales comenzaron a exportar su experiencia en producción, logística, financiamiento y operación a grupos delictivos de Europa, Asia y África. En lugar de controlar directamente nuevos territorios, optan por compartir su modelo de negocio con mafias locales, una estrategia que les permite ampliar su influencia global, diversificar mercados y reducir riesgos operativos frente al endurecimiento de las acciones de seguridad en sus principales zonas de operación.

El informe de la ONU y un análisis del centro de estudios Brookings Institution señalan que integrantes vinculados con el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) han sido identificados en países como Países Bajos, Bélgica, Francia, Polonia, Bulgaria, Rumania, Nigeria, Sudáfrica y Kenia, además de regiones del sur de Asia y Oceanía. Según Hugo Córdoba, coordinador de proyectos de drogas de la UNODC, esta expansión responde a una lógica empresarial. Explicó que Estados Unidos continúa como un mercado consolidado, por lo que las organizaciones buscan nuevas oportunidades en regiones con menor competencia, controles menos estrictos y una creciente demanda de drogas sintéticas.

La expansión de los cárteles mexicanos también se sostiene en tres factores clave: la saturación del mercado estadounidense, el conocimiento técnico desarrollado para fabricar drogas sintéticas y las alianzas con organizaciones criminales locales. En lugar de disputar el control territorial, los grupos mexicanos ofrecen capacitación, infraestructura, logística y métodos de producción, mientras los socios regionales asumen la distribución y la operación directa. Este esquema funciona como una especie de franquicia criminal que facilita la rápida expansión del negocio ilícito y dificulta las investigaciones internacionales, ya que los líderes reducen su exposición en los países donde operan estas nuevas redes.

El crecimiento de este modelo coincide con el aumento del consumo mundial de drogas y con la expansión de sustancias sintéticas como el fentanilo y los nitacenos, que presentan un riesgo mucho mayor por su elevada potencia. La ONU estima que 331 millones de personas consumieron alguna droga durante 2024, un incremento del 34 % respecto a hace una década. Para los especialistas, este escenario demuestra que combatir únicamente la oferta resulta insuficiente si no se fortalecen la prevención, el tratamiento de las adicciones y la cooperación internacional. La evolución del crimen organizado evidencia que las organizaciones ilícitas adaptan sus estrategias con rapidez, por lo que las respuestas institucionales deberán modernizarse para enfrentar un fenómeno cada vez más global.