El semidesierto norte de Zacatecas plantea una nueva oportunidad de desarrollo económico a partir de sus recursos naturales, ubicación y actividades productivas. Así lo señaló Ulises Mejía Haro durante las Asambleas en Defensa de la Transformación y de la Soberanía Nacional, realizadas en Mazapil. El planteamiento busca articular carreteras, energías renovables, minería, industria, logística y agroindustria para generar empleos y mejores condiciones para las familias de la región. En este contexto, Mejía Haro consideró que la ubicación del semidesierto no debe entenderse como una limitación. Por el contrario, puede convertirse en una ventaja para conectar mercados y atraer inversiones. La propuesta también contempla fortalecer servicios, infraestructura y capacitación para que el crecimiento económico tenga beneficios locales.
Uno de los principales planteamientos consiste en mejorar la conectividad carretera para crear verdaderos corredores de desarrollo. Entre las rutas señaladas se encuentra el enlace entre El Salvador y Matehuala, San Luis Potosí, con una posible conexión hacia el noreste y el puerto de Altamira. También se planteó fortalecer el eje Mazapil-Nieves-Cuencamé para acercar a la región con la Comarca Lagunera y Durango. Sin embargo, el objetivo no sería únicamente reducir tiempos de traslado. La propuesta busca facilitar el movimiento de mercancías, disminuir costos logísticos y mejorar las condiciones para que nuevas empresas puedan instalarse en la zona. De esta manera, la infraestructura carretera funcionaría como una herramienta para integrar actividades productivas y ampliar las oportunidades comerciales del semidesierto zacatecano.
Las condiciones naturales de la región también forman parte de la estrategia planteada. El desarrollo del semidesierto zacatecano podría apoyarse en su potencial para generar energía solar y eólica, especialmente si estos proyectos se vinculan con corredores industriales y logísticos. La intención sería contar con energía competitiva para atraer empresas, centros de distribución, espacios de almacenamiento y servicios especializados. Además, Ulises Mejía Haro señaló que la actividad minera representa otra oportunidad para fortalecer la economía local. En lugar de limitarse a la extracción de recursos, planteó impulsar proveedores y servicios zacatecanos alrededor de esta industria. Con ello, una mayor parte de la derrama económica podría permanecer en los municipios y traducirse en empleos para sus habitantes.
El sector agropecuario también tendría un papel dentro de esta propuesta de desarrollo. Durante su visita a Mazapil, Mejía Haro planteó fortalecer actividades como la ganadería caprina y ovina, además de impulsar la producción de forrajes adaptados a las condiciones del semidesierto. Sin embargo, el objetivo sería ir más allá de aumentar la producción primaria. La propuesta contempla incorporar tecnología, mejorar los canales de comercialización y desarrollar procesos de transformación agroindustrial que permitan agregar valor a los productos. El manejo del agua aparece como otro elemento central, debido a las condiciones climáticas de la región. Por ello, el planteamiento incluye impulsar estrategias responsables para aprovechar y reutilizar este recurso, con el propósito de sostener las actividades productivas sin comprometer su disponibilidad.
El planteamiento presentado en Mazapil también incorpora factores sociales que van más allá de la generación de empleos. Para que las nuevas inversiones tengan un impacto duradero, Mejía Haro consideró necesario acompañarlas con formación técnica para jóvenes, vivienda, conectividad digital, servicios de salud y mejores condiciones de infraestructura. En este contexto, el reto consiste en evitar que las oportunidades económicas obliguen a la población a abandonar sus comunidades en busca de mejores condiciones de vida. Por ello, la propuesta busca que el crecimiento productivo contribuya al arraigo de las familias y genere beneficios dentro de los propios municipios. La combinación de minería, energía, agricultura, industria y logística podría abrir una nueva etapa para el semidesierto, siempre que el desarrollo se traduzca en bienestar para sus habitantes.
