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JOSEFA ORTIZ: LA MUJER QUE ACELERÓ LA INDEPENDENCIA

El natalicio de Josefa Ortiz recuerda a la mujer que alertó a los insurgentes y ayudó a acelerar la Independencia de México

Allan Cortés4 min de lectura
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JOSEFA ORTIZ: LA MUJER QUE ACELERÓ LA INDEPENDENCIA

Este 8 de septiembre se cumplen 258 años del natalicio de Josefa Ortiz, una de las figuras decisivas en el inicio de la Independencia de México. Nació en 1768 y pasó a la historia como la Corregidora de Querétaro, aunque su importancia rebasa el título que obtuvo por el cargo de su esposo, Miguel Domínguez. Josefa participó activamente en las redes clandestinas que preparaban una insurrección contra el gobierno virreinal. Cuando las autoridades descubrieron la conspiración en septiembre de 1810, logró advertir a los insurgentes. Aquella comunicación ayudó a precipitar el levantamiento encabezado por Miguel Hidalgo. Su participación demuestra que las mujeres no fueron únicamente acompañantes de la insurgencia, sino también protagonistas políticas.

UNA MUJER EDUCADA EN UN MUNDO DE RESTRICCIONES

Josefa quedó huérfana durante su infancia y pasó posteriormente a la tutela de familiares. En 1789 ingresó al Colegio de San Ignacio de Loyola, conocido como Las Vizcaínas, en la Ciudad de México. La institución ofrecía una formación poco común para muchas mujeres novohispanas. Allí recibió educación en lectura, escritura y distintas disciplinas antes de casarse con Miguel Domínguez en la década de 1790. Años después, cuando él asumió como corregidor de Querétaro, la pareja quedó situada en un espacio privilegiado para conocer las tensiones políticas de la Nueva España. Josefa comenzó a relacionarse con grupos que discutían autonomía, representación política y las consecuencias de la crisis de la monarquía española provocada por la invasión napoleónica.

LA CONSPIRACIÓN QUE CAMBIÓ SU LUGAR EN LA HISTORIA

El natalicio de Josefa Ortiz permite recordar especialmente su papel dentro de la conspiración de Querétaro. Las reuniones clandestinas reunieron a personajes como Ignacio Allende, Juan Aldama y otros militares, comerciantes y miembros de las élites criollas. Algunas se presentaban públicamente como encuentros literarios para evitar sospechas. El movimiento pretendía organizar un levantamiento, pero las autoridades recibieron denuncias durante septiembre de 1810. Miguel Domínguez tuvo que intervenir como corregidor y, según la tradición histórica, mantuvo a Josefa encerrada para impedir que alertara a los conspiradores. Ella encontró la manera de hacer llegar un aviso a Ignacio Pérez, quien transmitió la advertencia hacia San Miguel y Dolores.

EL FAMOSO “TACONAZO” ENTRE HISTORIA Y MEMORIA

La imagen popular cuenta que Josefa golpeó el suelo con el tacón desde una habitación cerrada hasta llamar la atención del alcaide Ignacio Pérez. Aunque el episodio se convirtió en una de las escenas más conocidas de la Independencia, los detalles exactos han pasado por décadas de reconstrucción y tradición cívica. Lo que sí sostienen las fuentes es que Josefa logró comunicar que la conspiración había quedado expuesta. Esa información resultó fundamental porque obligó a los insurgentes a modificar sus planes. El levantamiento originalmente previsto para fechas posteriores tuvo que adelantarse y culminó con el llamado de Hidalgo en Dolores durante septiembre de 1810. Su papel fue, por tanto, político y operativo, no simplemente simbólico.

SU COMPROMISO NO TERMINÓ CON EL GRITO DE DOLORES

Josefa Ortiz sufrió vigilancia, procesos y encarcelamientos por mantener sus vínculos con la insurgencia. Las autoridades realistas la identificaron como una de las personas que promovían abiertamente aquellas ideas. Incluso después de consumarse la Independencia en 1821, mantuvo una actitud crítica frente al poder. Su figura quedó asociada con una visión republicana que no se limitaba a sustituir autoridades españolas por nuevas élites mexicanas. Falleció en la Ciudad de México el 2 de marzo de 1829. Con el tiempo, su nombre ingresó al relato cívico nacional, pero su imagen también quedó simplificada como “esposa del corregidor”. Recuperar su participación individual permite entender que actuó por convicción propia y asumió riesgos personales derivados de sus decisiones políticas.

MÁS QUE “LA CORREGIDORA”

Recordar hoy a Josefa Ortiz implica mirar detrás del personaje de los libros escolares. Su importancia no reside únicamente en haber enviado un mensaje durante una noche decisiva. Participó en redes políticas, sostuvo ideas contrarias al orden virreinal y continuó defendiendo sus convicciones cuando hacerlo podía significar prisión. También representa una oportunidad para revisar cómo la historiografía tradicional redujo con frecuencia a las mujeres insurgentes a esposas, mensajeras o acompañantes. Josefa demuestra algo distinto: las mujeres pudieron intervenir en la circulación de información, en la organización clandestina y en la construcción de proyectos políticos. A 258 años de su nacimiento, su legado sigue recordando que la Independencia fue obra de una sociedad mucho más diversa que el pequeño grupo de héroes tradicionalmente representado.