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UN DÍA COMO HOY: EE.UU. CERTIFICÓ EL VOTO FEMENINO

El voto femenino en Estados Unidos quedó certificado el 26 de agosto de 1920 tras décadas de lucha sufragista y resistencia

Allan Cortés4 min de lectura
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UN DÍA COMO HOY: EE.UU. CERTIFICÓ EL VOTO FEMENINO

Un día como hoy, 26 de agosto de 1920, Estados Unidos certificó oficialmente la Decimonovena Enmienda de su Constitución, uno de los mayores triunfos del movimiento sufragista. La disposición estableció que el derecho al voto no podía negarse por razón de sexo y abrió las urnas a millones de mujeres. El voto femenino en Estados Unidos no surgió de una concesión repentina del gobierno. Fue resultado de décadas de movilizaciones, discursos, marchas, cabildeo, desobediencia civil y encarcelamientos. El entonces secretario de Estado, Bainbridge Colby, certificó la ratificación después de que Tennessee aportara el apoyo estatal decisivo. Aquella fecha es recordada actualmente como el Día de la Igualdad de la Mujer.

UNA LUCHA QUE COMENZÓ DÉCADAS ANTES

La historia del sufragio femenino estadounidense comenzó mucho antes de 1920. La Convención de Seneca Falls de 1848 suele considerarse uno de los momentos fundacionales del movimiento organizado por los derechos de las mujeres. Sin embargo, convertir aquella demanda en una reforma constitucional tomó más de siete décadas. La propuesta que posteriormente se convertiría en la Decimonovena Enmienda llegó al Congreso en 1878 y enfrentó resistencia durante años. Algunas activistas buscaron cambios estado por estado. Otras organizaron manifestaciones, vigilias y campañas nacionales. A comienzos del siglo XX, la presión aumentó y varias sufragistas incluso enfrentaron arrestos y malos tratos por exigir públicamente un derecho que hoy parece elemental.

El Congreso aprobó finalmente la enmienda el 4 de junio de 1919, pero todavía faltaba conseguir la ratificación de tres cuartas partes de los estados. El momento decisivo llegó el 18 de agosto de 1920, cuando Tennessee se convirtió en el estado número 36 en aprobarla. Con ello se alcanzó el número constitucional necesario. Ocho días después, Bainbridge Colby certificó formalmente el proceso. El voto femenino en Estados Unidos adquirió entonces una protección constitucional que transformó el electorado nacional. El texto era breve, pero contundente: ni Estados Unidos ni ningún estado podían negar o limitar el derecho de un ciudadano a votar debido a su sexo.

EL VOTO QUE CAMBIÓ TENNESSEE

La ratificación de Tennessee tuvo incluso uno de esos episodios que parecen escritos para una película. La votación estaba extraordinariamente dividida cuando el legislador Harry T. Burn, de apenas 24 años, decidió apoyar la enmienda. Burn había recibido una carta de su madre, Febb Burn, quien le pidió respaldar el sufragio femenino. Su cambio de posición ayudó a conseguir la ratificación necesaria. Después defendió su decisión argumentando que consideraba el sufragio completo un derecho y que seguir el consejo de su madre había sido lo correcto. El episodio simboliza lo ajustada que resultó la batalla política, aunque detrás de aquella votación existieron décadas de trabajo desarrollado por miles de mujeres dentro y fuera de las instituciones.

1920 NO SIGNIFICÓ QUE TODAS PUDIERAN VOTAR

Sin embargo, contar esta historia únicamente como una victoria total oculta una parte fundamental. La Decimonovena Enmienda prohibió negar el sufragio por sexo, pero no acabó con otras formas de exclusión. Numerosas mujeres afroamericanas, especialmente en los estados del sur, continuaron enfrentando impuestos electorales, pruebas de alfabetización, intimidación y otras prácticas racistas. Muchas mujeres indígenas tampoco gozaban todavía de ciudadanía estadounidense, mientras que leyes migratorias y de naturalización excluían a distintas mujeres de origen asiático. Por ello, la aprobación de 1920 fue un parteaguas, pero no significó igualdad electoral inmediata para todas. La lucha contra las barreras raciales continuaría durante décadas y tendría otro momento fundamental con el movimiento por los derechos civiles.

¿POR QUÉ EL 26 DE AGOSTO ES EL DÍA DE LA IGUALDAD?

Medio siglo después, el aniversario volvió a las calles. El 26 de agosto de 1970, Betty Friedan y la National Organization for Women organizaron la llamada Women’s Strike for Equality. Más de 100 mil personas participaron en movilizaciones que reclamaban igualdad laboral, educativa y social. Al año siguiente, la congresista Bella Abzug impulsó la conmemoración del 26 de agosto como Women’s Equality Day, o Día de la Igualdad de la Mujer. La fecha conectó así el sufragio de 1920 con una discusión mucho más amplia: votar era fundamental, pero la igualdad también implicaba empleo, educación, representación política y oportunidades económicas.

A 106 años de aquella certificación, la Decimonovena Enmienda conserva un enorme peso histórico precisamente porque permite observar tanto una conquista como sus límites. Millones de mujeres obtuvieron una herramienta política que durante generaciones les había sido negada, aunque muchas tuvieron que continuar luchando para ejercerla realmente. Recordar el 26 de agosto no debería reducirse a celebrar que las mujeres finalmente pudieron votar. También permite reconocer cuánto tiempo puede tardar una sociedad en convertir una demanda considerada radical en un derecho aparentemente indiscutible. La historia del sufragio estadounidense demuestra que los derechos políticos rara vez aparecen solos: normalmente existen porque alguien pasó años exigiendo aquello que otros consideraban imposible.