Italia retiró su respaldo a la reelección de Gianni Infantino como presidente de la FIFA, en una nueva señal de desgaste para el dirigente suizo antes de las elecciones previstas para marzo. La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) justificó su decisión por las recientes iniciativas de Infantino en materia de gobernanza y organización de las competiciones internacionales. El movimiento italiano se suma a una creciente oposición dentro del fútbol europeo, donde varias federaciones ya cuestionan su liderazgo. La pérdida de apoyo ocurre después de que Infantino enfrentara fuertes críticas por su fallido plan para vender participaciones de la Copa del Mundo a fondos de capital privado. La disputa podría modificar el escenario de una reelección que hasta hace poco parecía asegurada.
La decisión italiana llega después de que Inglaterra, Gales e Irlanda también retiraran su respaldo a Infantino. Noruega, además, pidió abiertamente su renuncia y, junto con Suecia, Finlandia, Dinamarca, Islandia y las Islas Feroe, afirmó que había perdido la confianza en su liderazgo. La UEFA también elevó la presión al advertir sobre un posible boicot a competiciones de la FIFA, mientras tres confederaciones continentales acusaron al presidente de actuar de manera engañosa. Para la FIGC, el fútbol debe mantener como principios el mérito deportivo, la solidaridad, la sostenibilidad y el protagonismo de los aficionados. En este contexto, la fractura dentro de Europa representa un desafío político considerable para Infantino, quien dirige la FIFA desde 2016.
La crisis de Infantino se agravó principalmente por su propuesta de permitir que inversores de capital privado adquirieran participaciones relacionadas con la Copa del Mundo. Aunque el proyecto finalmente no prosperó, generó inquietud entre dirigentes que consideran que una medida de ese tipo podría alterar la estructura económica y de gobernanza del fútbol internacional. La crisis de Infantino también pone en duda la facilidad con la que el dirigente parecía encaminado hacia un nuevo mandato. La FIFA cuenta con 211 federaciones miembro y necesita reunir apoyos de distintas regiones para sostener una candidatura sólida. Además, el plazo para presentar aspirantes vence el 18 de noviembre, por lo que las próximas semanas podrían resultar decisivas para definir si aparece una alternativa competitiva.
A pesar del creciente rechazo europeo, Infantino conserva aliados importantes. Marruecos, que será coanfitrión del Mundial de 2030, respalda al dirigente, al igual que Qatar, país donde residió antes de organizar el torneo de 2022. Líbano también mantiene una relación cercana con el presidente de la FIFA después de otorgarle la ciudadanía este año. Arabia Saudí, futura sede del Mundial de 2034, todavía no ha expresado públicamente su apoyo, aunque mantiene vínculos políticos estrechos con Infantino. Estos respaldos muestran que la disputa no se limita a Europa y que el presidente aún conserva una base internacional relevante. Sin embargo, la pérdida de respaldo de federaciones europeas podría aumentar las dudas sobre su capacidad para mantener consensos dentro de una organización tan amplia.
El escenario electoral de la FIFA entra así en una etapa de mayor incertidumbre. Hasta hace poco, Infantino parecía tener prácticamente garantizada la reelección sin oposición, pero la pérdida de confianza de varias federaciones europeas cambia el panorama. El principal desafío para el dirigente será recuperar credibilidad y convencer a las asociaciones que cuestionan sus decisiones de gobernanza. Al mismo tiempo, sus rivales tendrían que transformar el descontento actual en una candidatura capaz de reunir apoyos suficientes a escala mundial. La disputa también plantea una pregunta más amplia sobre el rumbo que tomará el fútbol internacional: si priorizará nuevas fórmulas de financiamiento y expansión comercial o si reforzará los mecanismos de consulta con federaciones, jugadores y aficionados. Esa definición podría marcar el próximo ciclo de la FIFA.
