Ciencia

EMBUTIDOS: EL RIESGO OCULTO PARA LA PRESIÓN ARTERIAL

Carne procesada e hipertensión: un estudio con 8 mil adultos revela por qué reducir embutidos puede ayudar a cuidar la presión

Pilar Chavez3 min de lectura
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EMBUTIDOS: EL RIESGO OCULTO PARA LA PRESIÓN ARTERIAL

Las carnes procesadas, como jamón, salami, mortadela, tocino y pepperoni, se relacionan con un mayor riesgo de desarrollar hipertensión, de acuerdo con una investigación que analizó a más de 8 mil adultos en Brasil. El estudio encontró que las personas que consumían cantidades moderadas o elevadas de estos productos presentaban un riesgo superior de registrar presión arterial alta frente a quienes tenían un consumo menor. El hallazgo llama la atención porque los embutidos forman parte habitual de desayunos, comidas rápidas, sándwiches y otros platillos. Además, suelen aportar cantidades importantes de sodio, un mineral que, cuando se consume en exceso, puede favorecer la elevación de la presión arterial. Por eso, la relación entre carne procesada e hipertensión merece atención dentro de la alimentación cotidiana.

UN ESTUDIO CON MÁS DE 8 MIL ADULTOS

La investigación fue realizada por especialistas de las universidades federales de Ouro Preto, Espírito Santo y Alfenas, en Brasil. El trabajo utilizó información de 8 mil 89 participantes de ELSA-Brasil, un estudio longitudinal diseñado para analizar distintos aspectos de la salud de adultos brasileños. Los participantes tenían entre 35 y 74 años y una edad promedio de 49 años. Los investigadores utilizaron datos recopilados entre 2008 y 2010 y posteriormente los compararon con una segunda evaluación realizada entre 2012 y 2014. Durante el periodo de seguimiento identificaron mil 186 casos nuevos de hipertensión. Para el análisis consideraron diferentes factores que podían influir en la presión arterial, entre ellos el índice de masa corporal y la proporción de sodio y potasio presente en la orina.

MAYOR CONSUMO, MAYOR RIESGO

Después de realizar los ajustes estadísticos, el estudio encontró diferencias entre los participantes según la cantidad de carne procesada que consumían. El grupo ubicado en un nivel intermedio de consumo presentó un riesgo 19% mayor de desarrollar hipertensión en comparación con las personas que consumían menos. En el grupo con el consumo más elevado, el riesgo alcanzó 30% más. Los investigadores no encontraron la misma asociación con el consumo de carne roja sin procesar. Este punto resulta importante porque el estudio no plantea que toda la carne tenga el mismo comportamiento dentro de la alimentación. El vínculo observado se concentró en los productos procesados, que suelen incorporar sal y otros ingredientes durante su elaboración. Así, la investigación pone el foco en la frecuencia y cantidad de consumo, más que en una prohibición absoluta.

¿POR QUÉ LOS EMBUTIDOS PUEDEN INFLUIR EN LA PRESIÓN?

Uno de los principales elementos que explica la preocupación por estos productos es el sodio. Las carnes procesadas suelen incorporar sal durante su fabricación para ayudar a conservarlas, prolongar su vida útil y modificar o reforzar determinadas características de sabor y textura. Sin embargo, el contenido de sodio cambia considerablemente entre productos y marcas. Por ello, unas cuantas rebanadas pueden representar una cantidad relevante del sodio que una persona consume durante todo el día, especialmente cuando se combinan con otros alimentos procesados, botanas, salsas, panes, quesos o comidas preparadas. El problema no necesariamente se encuentra en un alimento aislado, sino en la suma de las fuentes de sodio que aparecen de manera habitual en la dieta.

EL EXCESO DE SODIO Y LA RETENCIÓN DE LÍQUIDOS

Cuando una persona consume demasiado sodio, el organismo puede retener una mayor cantidad de agua para mantener el equilibrio de líquidos. Este proceso puede aumentar el volumen de sangre que circula por los vasos sanguíneos y, como consecuencia, elevar la presión que se ejerce sobre sus paredes. Si esta situación se mantiene durante largos periodos, puede contribuir al desarrollo o empeoramiento de la hipertensión. La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos consuman menos de 2 mil