La proliferación del sargazo dejó de representar un fenómeno ocasional para convertirse en un desafío permanente para las costas del Caribe, el Golfo de México y el Atlántico tropical, de acuerdo con una investigación realizada por especialistas en oceanografía y ciencias marinas. Los científicos consideran que las enormes acumulaciones de esta alga ahora mantienen un ciclo de crecimiento propio, lo que explica su presencia constante durante los últimos años y reduce las posibilidades de que desaparezca en el corto plazo.
Desde 2011, las playas del sur de Florida, el Caribe y diversas zonas costeras de México comenzaron a registrar arribos masivos de sargazo con mayor frecuencia e intensidad. Además del impacto visual y turístico, estas acumulaciones afectan actividades económicas como la pesca, complican la navegación en puertos y alteran el equilibrio de los ecosistemas marinos, mientras la descomposición del alga libera gases como sulfuro de hidrógeno, amoníaco y metano, que también generan preocupaciones ambientales y sanitarias.
Los investigadores explican que el sargazo pelágico existe de manera natural en el Mar de los Sargazos, una región del Atlántico Norte conocida desde la época de los exploradores portugueses y descrita posteriormente por Cristóbal Colón durante sus viajes hacia América. Sin embargo, hace poco más de una década comenzaron a detectarse enormes mantos flotantes en el Atlántico tropical, entre las costas de África y Brasil, donde las condiciones ambientales favorecieron un crecimiento sin precedentes.
Con el paso de los años, esas concentraciones dieron origen al denominado Gran Cinturón Atlántico de Sargazo, una enorme franja que se extiende por el océano y que en 2025 alcanzó un volumen estimado de 37 mil 500 millones de toneladas. Los especialistas incluso anticipan que durante el verano de 2026 podrían registrarse nuevos máximos históricos, debido a que las condiciones oceánicas continúan favoreciendo la expansión de las algas.
Durante varios años, la comunidad científica analizó factores como el incremento de nutrientes provenientes de fertilizantes agrícolas, el polvo transportado desde el desierto del Sahara y los cambios en la temperatura, las corrientes y los vientos oceánicos. Aunque esos elementos contribuyen al desarrollo del fenómeno, ninguno logró explicar completamente la persistencia y el comportamiento observado en los últimos años.
La nueva investigación plantea que el propio ecosistema formado alrededor del sargazo alimenta su permanencia. Las esteras flotantes albergan peces, crustáceos y numerosos microorganismos que reciclan nutrientes mediante sus desechos y la descomposición de las algas más antiguas. Ese proceso concentra nuevamente los elementos necesarios para estimular el crecimiento de nuevas floraciones, creando un mecanismo natural que favorece la continuidad del fenómeno.
Para comprobar esta hipótesis, los investigadores desarrollaron un modelo matemático basado en mediciones del contenido de nitrógeno y otros indicadores obtenidos alrededor de las Islas Vírgenes estadounidenses. Los resultados reprodujeron con precisión las floraciones registradas entre 2011 y 2022 y también anticiparon correctamente el comportamiento observado durante 2023 y 2024, fortaleciendo la teoría de que la proliferación del sargazo mantiene actualmente un ciclo autosostenible.
Ante este panorama, los especialistas consideran indispensable desarrollar sistemas de alerta temprana que permitan a las comunidades costeras prepararse con anticipación y reducir los daños económicos y ambientales. Paralelamente, diversos proyectos científicos impulsan el aprovechamiento del sargazo para fabricar biocombustibles, fertilizantes, materiales de construcción y otros productos sostenibles. Experiencias desarrolladas en Barbados, México y Brasil muestran que el procesamiento adecuado de esta biomasa puede transformar un problema ambiental en una oportunidad económica para las regiones más afectadas.
