Stardust Solutions desarrolla esta tecnología dentro de la llamada geoingeniería solar. La compañía plantea invertir alrededor de 10 mil millones de dólares anuales para desplegarla. Sin embargo, científicos advierten sobre posibles efectos ambientales, económicos, sanitarios y políticos difíciles de anticipar.
Stardust Solutions nació en 2023 y cuenta con una dirección formada por dos exfísicos nucleares del Gobierno israelí. La compañía ha recaudado 75 millones de dólares de inversionistas. Su propuesta busca utilizar materiales diferentes al dióxido de azufre, sustancia que concentra buena parte de las investigaciones actuales sobre geoingeniería solar. La empresa considera que sus partículas podrían ofrecer mayor control.
La geoingeniería solar intenta reproducir un fenómeno natural asociado con grandes erupciones volcánicas. En 1991, el volcán Pinatubo liberó suficiente dióxido de azufre para reducir temporalmente la temperatura global. El enfriamiento alcanzó aproximadamente 0.5 grados Celsius durante más de un año. Ese antecedente impulsa investigaciones sobre métodos capaces de producir un efecto similar mediante tecnología desarrollada por seres humanos.
Stardust trabaja con dos tipos de partículas que utilizan materiales comunes. Una contiene sílice amorfa, presente en productos como alimentos, pasta dental y cosméticos. La segunda combina carbonato de calcio con una cubierta de sílice amorfa. Según la empresa, estos materiales pueden ofrecer alternativas frente a los problemas asociados con el dióxido de azufre.
La compañía calcula que cada millón de toneladas de partículas podría generar un enfriamiento de 0.9 grados Fahrenheit. Stardust estima un costo cercano a 10 mil millones de dólares para desplegar esa cantidad. Además, la empresa tendría que reponer las partículas cada año. Su director ejecutivo considera que el costo representa una fracción del daño económico generado actualmente por los desastres relacionados con el cambio climático.
Sin embargo, varios científicos cuestionan los posibles beneficios y riesgos de la tecnología. David Keith, profesor de ciencias geofísicas de la Universidad de Chicago, considera exageradas algunas afirmaciones de Stardust. Otros investigadores también señalan posibles consecuencias sobre la salud humana. Entre ellas aparece la hipótesis del polizón, relacionada con partículas que podrían transportar metales u otras sustancias dañinas.
Los especialistas también cuestionan la capacidad de los experimentos pequeños para anticipar consecuencias globales. Kelly Wanser, directora ejecutiva de SilverLining, señaló que todavía existen dudas sobre el comportamiento de las partículas a gran escala. Raymond Pierrehumbert, profesor de la Universidad de Oxford, también considera que la geoingeniería solar involucra aspectos del sistema climático que la ciencia todavía comprende de manera limitada.
Stardust todavía mantiene sus pruebas dentro del laboratorio y contempla experimentos al aire libre durante los próximos años. La compañía afirma que realizará esas pruebas bajo supervisión gubernamental. Su propuesta contempla comenzar con experimentos pequeños y establecer criterios específicos antes de ampliar cualquier despliegue. Además, la empresa asegura que trabaja con responsables políticos para desarrollar reglas sobre estas investigaciones.
El desarrollo de geoingeniería solar también enfrenta antecedentes que complican nuevas pruebas. Científicos de Harvard abandonaron en 2021 planes para realizar vuelos experimentales en el Ártico sueco. La oposición local influyó en aquella decisión. En México, un experimento no autorizado de la empresa Make Sunsets en 2022 llevó al país a prohibir los experimentos de geoingeniería solar.
Otro riesgo señalado por los investigadores corresponde al llamado choque de terminación. Este escenario plantea que una suspensión repentina del sistema podría provocar un calentamiento acelerado durante pocos años. Stardust sostiene que sus partículas desaparecen de la atmósfera después de aproximadamente un año. La compañía afirma que esa característica permitiría reducir gradualmente el despliegue y evitar cambios térmicos repentinos.
Los investigadores también plantean preguntas sobre quién debería controlar una tecnología capaz de modificar el clima global. Algunos especialistas cuestionan que empresas privadas y países ricos tengan mayor influencia sobre esas decisiones. El debate incluye asuntos relacionados con financiamiento, distribución de beneficios y posibles daños para regiones que enfrenten consecuencias climáticas diferentes.
También existe preocupación sobre una posible reducción de los esfuerzos para disminuir el uso de combustibles fósiles. Algunos científicos temen que la tecnología genere una alternativa que desplace la atención de las causas del calentamiento global. Stardust reconoce esa preocupación, pero sostiene que la geoingeniería podría proporcionar tiempo adicional para enfrentar las causas fundamentales del cambio climático.
El debate continúa mientras aumentan los impactos asociados con el calentamiento del planeta. Stardust sostiene que los Gobiernos necesitan estudiar alternativas antes de enfrentar decisiones urgentes. Sus críticos, en cambio, destacan las incertidumbres que todavía rodean esta tecnología. Por ahora, la geoingeniería solar permanece como una propuesta experimental que plantea oportunidades potenciales y riesgos globales aún difíciles de determinar.
