Los narvales, conocidos como los “unicornios del mar” por sus característicos colmillos en espiral, ayudaron a científicos a estudiar zonas remotas del Ártico que resultan difíciles y costosas para las expediciones humanas. Seis ejemplares recibieron transmisores satelitales que permitieron seguir sus movimientos durante tres años, mientras recorrían las costas del este de Groenlandia y se internaban en sus extensos sistemas de fiordos.
Los investigadores aprovecharon la capacidad de estos mamíferos para desplazarse durante todo el año por aguas que presentan enormes dificultades para los barcos científicos. Los narvales pueden descender hasta casi mil 800 metros de profundidad y recorrer grandes distancias dentro de los fiordos, lo que permitió obtener información sobre distintas capas del océano en una región donde los científicos todavía cuentan con pocos registros.
Los transmisores recopilaron más de 2 mil observaciones de temperatura y salinidad entre 2017 y 2020, mientras los animales realizaban sus desplazamientos habituales por las aguas de Groenlandia. Posteriormente, los investigadores combinaron esa información con registros de la Base de Datos Mundial de los Océanos, que reúne principalmente mediciones realizadas mediante barcos, para construir una imagen más completa de las condiciones oceánicas que existen en esta zona.
Los resultados revelaron una tendencia conocida como “atlantificación”, proceso mediante el cual aguas relativamente cálidas y saladas procedentes del Atlántico penetran cada vez más en los mares del Ártico. El estudio encontró que esas masas de agua pueden avanzar hasta más de 290 kilómetros dentro de los sistemas de fiordos, alcanzando zonas próximas a los frentes de los glaciares que desembocan directamente en el océano.
La llegada de agua más cálida representa una preocupación debido a su capacidad para erosionar la parte inferior de los glaciares y acelerar la pérdida de hielo. Eric Achterberg, profesor del Centro GEOMAR Helmholtz de Investigación Oceánica de Kiel, consideró preocupantes los resultados porque ofrecen nuevas evidencias sobre el deshielo que afecta a los glaciares conectados con el océano y refuerzan una tendencia climática que los científicos ya habían observado.
El este de Groenlandia tiene una importancia especial dentro del sistema climático del Atlántico Norte, debido a que alberga grandes glaciares y corrientes oceánicas que transportan agua fría hacia el sur. Estas corrientes forman parte de la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico, un sistema que influye considerablemente en la distribución del calor y las condiciones climáticas de diferentes regiones del planeta.
Los científicos enfrentan grandes dificultades para estudiar directamente esta zona debido a su aislamiento y a las condiciones meteorológicas extremas que predominan durante buena parte del año. Las expediciones requieren barcos especializados y, en determinados momentos, rompehielos capaces de desplazarse entre placas de hielo impredecibles, mientras que los narvales pueden ingresar naturalmente en esos espacios sin depender de infraestructura humana.
La investigación utilizó transmisores que pesaban menos de medio kilogramo y que registraban datos sobre la temperatura y la salinidad del agua para transmitirlos posteriormente mediante satélites. Los investigadores capturaron a los animales con ayuda de cazadores, colocaron los dispositivos y después liberaron a los ejemplares, mientras los transmisores permanecieron en ellos durante aproximadamente tres años antes de desprenderse y caer al fondo del océano.
El método permitió obtener información durante periodos en los que los barcos científicos prácticamente no pueden operar en la región, especialmente durante el invierno. Mads Peter Heide-Jørgensen, investigador del Instituto de Recursos Naturales de Groenlandia y autor del estudio, destacó que los animales pueden ofrecer mediciones repetidas porque visitan zonas similares durante sus desplazamientos habituales y alcanzan diferentes profundidades dentro del sistema de fiordos.
La utilidad de estos datos sorprendió incluso por su cantidad, ya que Helen Coxall, profesora de micropaleontología marina de la Universidad de Estocolmo, señaló que los narvales reunieron durante tres años una cantidad de observaciones comparable con la información obtenida por seres humanos durante aproximadamente 130 años. Esa capacidad convierte a estos animales en una herramienta particularmente valiosa para estudiar regiones que permanecen inaccesibles durante largos periodos.
Los investigadores consideran que todavía necesitan más información para comprender completamente la evolución de las condiciones oceánicas en el este de Groenlandia. Heide-Jørgensen señaló que el estudio representa solamente una pequeña parte del panorama general que ocurre en el Atlántico Norte, aunque los resultados permiten observar con mayor claridad cómo el ingreso de aguas cálidas puede afectar los glaciares y contribuir a la transformación acelerada del Ártico.
El trabajo de los científicos muestra además cómo los animales pueden ayudar a estudiar lugares donde las herramientas convencionales encuentran grandes limitaciones. En este caso, los narvales permitieron recopilar información directamente desde las profundidades de los fiordos y durante diferentes estaciones, aportando datos que podrían resultar fundamentales para comprender la evolución del océano y sus consecuencias sobre los grandes sistemas de hielo de Groenlandia.
