La historia de la moda mexicana encontró una nueva forma de contar el siglo XX lejos de las pasarelas tradicionales. El Museo del Estanquillo convirtió Pasado de Moda. Pasarela de estilos en México, una de sus exposiciones más exitosas, en un libro de 231 páginas. La publicación reúne fotografías, anuncios, prendas, dibujos, revistas y objetos cotidianos para mostrar cómo México también puede estudiarse a través de lo que vestía su población. Gustavo Prado y Arturo Rico desarrollaron el contenido a partir de las Colecciones Carlos Monsiváis. Su propuesta mira la ropa como algo más que una tendencia: también refleja identidad, aspiraciones, diferencias sociales, industria y cambios culturales.
LA MODA MÁS ALLÁ DE LAS PASARELAS
El libro parte de una idea sencilla: la moda mexicana no pertenece únicamente a diseñadores famosos, celebridades o sectores de alto poder adquisitivo. También existe en las costureras, las tiendas, los zapatos cotidianos, las máquinas de coser, los patrones y hasta los recibos comerciales. Por eso, Pasado de Moda evita construir una historia basada únicamente en vestidos espectaculares. En sus páginas conviven prendas de gala con publicidad, fotografías, cajas, bolsas y documentos que permiten observar cómo cambiaron los hábitos de consumo. Incluso aparecen el cine, la televisión y la música, espacios que durante décadas ayudaron a establecer modelos sobre cómo debía vestirse una persona moderna, elegante, rebelde o popular en México.
Esta manera de reconstruir la historia de la moda mexicana también permite observar una discusión sobre identidad. Durante el siglo XX, la ropa acompañó los intentos por definir qué significaba ser moderno y, al mismo tiempo, mexicano. Diseñadores como Ramón Valdiosera buscaron construir lenguajes nacionales desde el color y la indumentaria, mientras el cine convirtió determinados vestidos y siluetas en referentes populares. La exposición que dio origen al libro incluyó trabajos de Julio Chávez, Mitzy y Jorge García Cárdenas, además de imágenes de artistas y fotógrafos como Miguel Covarrubias, Nacho López y Héctor García. Así, el vestir aparece ligado tanto al diseño profesional como a una cultura visual construida desde las calles.
CARLOS MONSIVÁIS Y LA ROPA COMO ESPEJO SOCIAL
La mirada de Carlos Monsiváis ocupa un lugar central en el proyecto. Sus colecciones y crónicas sirven para conectar la ropa con acontecimientos, personajes y transformaciones sociales. Desde esta perspectiva, un vestido puede revelar aspiraciones económicas, mientras una fotografía callejera permite observar formas de pertenencia y diferencias entre generaciones. La ropa también puede hablar de género, clase, rebeldía, comercio y entretenimiento. Precisamente por ello, Prado y Rico incorporaron figuras de la contracultura y del espectáculo junto con diseñadores y costureras. La intención no consiste en decidir qué prendas merecen formar parte de la historia, sino en mostrar que prácticamente todas pueden ofrecer información sobre las personas que las utilizaron y el mundo que las rodeaba.
El proyecto editorial además conserva el legado de una exposición que tuvo una respuesta poco habitual. Pasado de Moda reunió cerca de 500 piezas en el Museo del Estanquillo y recorrió distintas expresiones del vestir mexicano del siglo pasado. Más de 70 mil personas visitaron la muestra durante su periodo de exhibición, lo que la convirtió en la más concurrida en la historia del recinto, según información difundida sobre la nueva publicación. Esa recepción llevó el proyecto más allá de las salas del museo. Ahora, el libro busca convertirse en una obra de consulta que permita volver sobre documentos, personajes y objetos que formaron parte de aquella exposición.
VESTIR TAMBIÉN ES CONTAR QUIÉNES SOMOS
La publicación llega en un momento en que la moda mexicana vuelve a discutir su propia identidad. Diseñadores contemporáneos, archivos digitales y nuevas estéticas recuperan símbolos que antes podían considerarse antiguos, populares o incluso alejados del llamado “buen gusto”. Pasado de Moda aporta contexto a esa conversación porque demuestra que esos debates no comenzaron con las redes sociales. México ha utilizado durante décadas la ropa para negociar tradición, modernidad, pertenencia y diferencia. Por eso, mirar un vestido, un anuncio o una fotografía antigua no significa observar únicamente algo que dejó de estar de moda. También permite reconstruir las formas en que distintas generaciones imaginaron quiénes eran y cómo querían ser vistas.
