Gianni Infantino no llegó a la presidencia de la FIFA en 2016 desde fuera del sistema: construyó su carrera dentro de las instituciones que gobiernan el futbol internacional y avanzó con el respaldo de dirigentes clave. Su ascenso de Infantino comenzó en el Centro Internacional de Estudios del Deporte (CIES), continuó en la UEFA y terminó por llevarlo a la elección presidencial tras la crisis que dejó fuera de la sucesión a Michel Platini. En ese recorrido aparecen Jean-Louis Juvet, Platini y David Taylor, tres figuras vinculadas a momentos distintos de su trayectoria. Además, el respaldo formal de la UEFA y posteriormente el apoyo anunciado por la Conmebol ampliaron sus posibilidades de competir por el máximo cargo del futbol mundial.
La primera etapa ocurrió en Neuchâtel, Suiza, después de que Infantino estudiara Derecho en la Universidad de Friburgo. Allí se incorporó al CIES como asesor jurídico y secretario general, una posición que le permitió entrar en contacto con la administración deportiva internacional. El organismo recordó en 2025 que Infantino trabajó estrechamente con su entonces presidente, el profesor Jean-Louis Juvet, en la creación del FIFA Master, un programa dedicado a la gestión, el derecho y las humanidades del deporte. Esa experiencia le dio una plataforma dentro del entorno institucional de la FIFA y le permitió desarrollar vínculos profesionales que después resultarían relevantes. Sin embargo, su trayectoria posterior se definiría principalmente en la estructura de la UEFA.
Infantino llegó a la UEFA en agosto de 2000 y se encargó de asuntos jurídicos, comerciales y relacionados con el futbol profesional. Cuatro años después asumió la dirección de Asuntos Jurídicos y Licencias de Clubes. El cambio decisivo llegó tras la elección de Michel Platini como presidente de la confederación europea en enero de 2007. Ese mismo año, Infantino se convirtió en secretario general adjunto y, dos años después, alcanzó la Secretaría General. Este ascenso de Infantino muestra cómo pasó de una función especializada a convertirse en uno de los principales responsables administrativos de la UEFA. Platini ocupaba la máxima posición política de la organización durante esos movimientos, por lo que su presidencia resultó determinante en la evolución institucional del funcionario, aunque los datos disponibles no permiten describirlo simplemente como su mentor personal.
David Taylor también ocupó un lugar importante en esa transición. El escocés asumió la Secretaría General de la UEFA el 1 de junio de 2007, mientras Infantino quedó como su segundo. Sin embargo, la reorganización de las operaciones comerciales modificó esa estructura en 2009. La UEFA creó UEFA Events SA y designó a Taylor como director ejecutivo de la nueva empresa a partir del 1 de octubre. Ese mismo día, Infantino asumió la Secretaría General de la confederación. Desde esa posición participó en asuntos como el juego limpio financiero, el sistema de licencias de clubes, la ampliación de la Eurocopa y las relaciones con federaciones nacionales y organismos políticos. Su posición dejó de ser exclusivamente jurídica y se convirtió en una plataforma para representar a la UEFA ante distintos actores del futbol internacional.
La crisis de 2015 transformó esa carrera administrativa en una candidatura presidencial. Michel Platini pretendía suceder a Joseph Blatter en la FIFA, pero quedó suspendido durante el procedimiento relacionado con un pago de dos millones de francos suizos recibido del organismo. Con su principal candidato fuera de la contienda, la UEFA necesitaba una alternativa. El 26 de octubre de 2015, su Comité Ejecutivo respaldó por unanimidad a Infantino, quien presentó oficialmente su candidatura ese mismo día. Sin embargo, el apoyo europeo no bastaba para ganar una elección global. El funcionario necesitaba construir una coalición fuera de Europa y competir con candidatos como el jeque Salman bin Ebrahim al Jalifa. La siguiente pieza llegó en enero de 2016, cuando la Conmebol anunció su respaldo institucional a Infantino y afirmó que sus diez asociaciones votarían en bloque.
La elección del 26 de febrero de 2016 confirmó que aquella red de apoyos había convertido al secretario general de la UEFA en un candidato competitivo. En la primera ronda, Infantino obtuvo 88 votos, frente a 85 de Salman, 27 del príncipe Ali bin Al Hussein y siete de Jérôme Champagne. Ninguno alcanzó la mayoría necesaria, por lo que el Congreso extraordinario celebró una segunda votación. Infantino consiguió entonces 115 de 207 votos posibles y ganó la presidencia de la FIFA. Los resultados oficiales muestran su crecimiento entre ambas rondas, pero no permiten saber qué asociaciones cambiaron su voto ni atribuir esos movimientos a dirigentes específicos. Esa diferencia importa: la documentación permite reconstruir respaldos institucionales y momentos clave, pero no revelar una supuesta operación individual detrás de cada sufragio.
El recorrido de Infantino muestra que su llegada a la FIFA fue el resultado de años dentro de la estructura del futbol internacional y de una combinación de experiencia administrativa, posiciones estratégicas y respaldos políticos. Juvet aparece en la etapa formativa del CIES; Taylor, en la transición hacia la Secretaría General de la UEFA; Platini, en los ascensos que lo llevaron a la cúpula administrativa; y la UEFA y la Conmebol, en los apoyos formales que acompañaron su candidatura. Sin embargo, la elección secreta impide convertir esa red en una explicación absoluta de los 115 votos obtenidos. Lo comprobable permite entender cómo se construyó su posición, mientras las decisiones individuales de los electores permanecen fuera del registro público.
