Hace 87 años, durante la madrugada del 1 de septiembre de 1939, tropas de la Alemania nazi cruzaron la frontera polaca y desencadenaron el conflicto que transformaría al mundo. La invasión de Polonia, ordenada por Adolf Hitler, comenzó con ataques aéreos y terrestres ejecutados por una fuerza de casi 1.5 millones de soldados, apoyada por más de 2 mil tanques y cientos de aviones. Alemania buscaba destruir rápidamente las defensas polacas antes de que sus aliados europeos pudieran reaccionar. Dos días después, Reino Unido y Francia declararon la guerra a Alemania. Ese momento se considera convencionalmente el inicio de la Segunda Guerra Mundial en Europa, un conflicto que terminaría extendiéndose durante seis años.
HITLER PREPARÓ EL CAMINO ANTES DE LA INVASIÓN
El ataque no surgió de manera repentina. Durante los años anteriores, Hitler había impulsado una política expansionista que llevó a Alemania a anexar Austria en 1938 y ocupar territorios de Checoslovaquia. El paso decisivo ocurrió el 23 de agosto de 1939, cuando Alemania y la Unión Soviética firmaron el Pacto Molotov-Ribbentrop. Públicamente establecía la no agresión entre ambos países, pero incluía un protocolo secreto que dividía distintas zonas de Europa Oriental en esferas de influencia. Polonia quedó en medio de ese acuerdo. Hitler reducía así el riesgo inmediato de combatir contra los soviéticos mientras preparaba la ofensiva en el este, aunque aquella alianza temporal terminaría rompiéndose con la invasión alemana de la Unión Soviética en 1941.
La invasión de Polonia también estuvo acompañada por propaganda destinada a justificar una agresión que Alemania había preparado previamente. El régimen nazi acusó falsamente a Polonia de perseguir a la población alemana y organizó un ataque simulado contra una estación de radio alemana para presentar posteriormente su ofensiva como una supuesta respuesta defensiva. Al amanecer del 1 de septiembre comenzó el ataque a gran escala. Las fuerzas alemanas combinaron unidades blindadas, infantería y aviación para romper las líneas enemigas y avanzar con rapidez hacia el interior del territorio. Esta forma de guerra móvil quedó asociada después con el concepto de Blitzkrieg o “guerra relámpago”. Polonia quedó rápidamente bajo una presión militar difícil de contener.
POLONIA TERMINÓ ATACADA DESDE DOS FRENTES
La situación empeoró el 17 de septiembre, cuando la Unión Soviética invadió Polonia desde el este, conforme a los acuerdos secretos alcanzados previamente con Alemania. El ejército polaco quedó entonces obligado a combatir en dos frentes. Varsovia resistió los bombardeos y ataques alemanes hasta su rendición el 28 de septiembre, mientras las últimas unidades militares polacas continuaron combatiendo hasta el 6 de octubre. Después de la derrota, Alemania y la Unión Soviética dividieron el territorio polaco. La ocupación nazi inició además una etapa marcada por persecuciones, deportaciones y asesinatos contra judíos, integrantes de las élites polacas y otros sectores de la población. La guerra convirtió a Polonia en uno de los primeros escenarios de la violencia sistemática que caracterizaría la ocupación alemana.
UN CONFLICTO QUE CAMBIÓ LA HISTORIA DEL SIGLO XX
Lo ocurrido aquel 1 de septiembre superó rápidamente las fronteras de Polonia. Reino Unido y Francia declararon la guerra a Alemania el día 3, pero durante los siguientes meses Hitler continuó expandiéndose. En 1940 las fuerzas alemanas ocuparon Dinamarca y Noruega y atacaron Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Francia. Para 1941, la invasión de la Unión Soviética abrió una guerra todavía más destructiva y radicalizó las políticas de persecución racial del régimen nazi. La Segunda Guerra Mundial terminaría en 1945 después de millones de muertes, ciudades destruidas, genocidio y una transformación completa del equilibrio político internacional. Recordar el 1 de septiembre importa precisamente porque muestra cómo años de expansionismo, propaganda y concesiones diplomáticas terminaron convirtiéndose en una guerra de dimensiones nunca vistas.
