Cultura

EL CÓDICE AZCATITLAN VUELVE A MÉXICO TRAS 186 AÑOS

El Códice Azcatitlan en México vuelve tras 186 años para mostrar la historia mexica desde Aztlan hasta el mundo colonial

Allan Cortés4 min de lectura
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EL CÓDICE AZCATITLAN VUELVE A MÉXICO TRAS 186 AÑOS

Después de 186 años fuera del país, el Códice Azcatitlan en México vuelve a encontrarse frente al público que comparte parte de la historia narrada entre sus páginas. El manuscrito original comenzó a exhibirse este 17 de septiembre en el Museo Nacional de Antropología, en Ciudad de México, mediante un préstamo temporal de Francia. La pieza permanecerá en el recinto hasta el 31 de diciembre de 2026. Su regreso forma parte de las actividades por los 200 años de relaciones diplomáticas entre México y Francia. Más allá del intercambio cultural, su presencia plantea una pregunta más profunda: ¿qué ocurre cuando una sociedad puede observar directamente un documento que registra siglos de su propia memoria?

UN DOCUMENTO QUE NARRA EL CAMINO DE LOS MEXICAS

El Códice Azcatitlan fue elaborado entre finales del siglo XVI y principios del XVII. Sus imágenes recorren aproximadamente 350 años de historia mexica. La primera parte narra las migraciones desde Aztlan hasta el establecimiento en México-Tenochtitlan. Después aparecen los nueve gobernantes que ocuparon el poder antes de la llegada española en 1519. Las páginas finales registran episodios de la Conquista y los primeros momentos del nuevo orden colonial. Una de sus particularidades está en su lenguaje visual. Combina formas pictográficas indígenas con recursos europeos, resultado de una época marcada por profundas transformaciones culturales. Por eso, no es únicamente una crónica histórica: también muestra cómo se reconstruía la memoria después de la Conquista.

EL CÓDICE AZCATITLAN EN MÉXICO RECUPERA OTRA MIRADA

La llegada del Códice Azcatitlan en México resulta especialmente significativa porque permite acercarse a una narrativa producida desde el mundo indígena colonial. Sus autores todavía dominaban sistemas gráficos heredados de tradiciones anteriores a la llegada española, aunque trabajaban dentro de una sociedad completamente transformada. Esa combinación convierte al manuscrito en un testimonio de adaptación y continuidad. No muestra un pasado intacto, sino una memoria reconstruida después de una ruptura histórica. Precisamente ahí está parte de su valor. Mirar sus páginas permite observar cómo determinados grupos indígenas representaron su origen, sus gobernantes, la llegada de los españoles y la formación del mundo colonial. La historia aparece entonces como algo que también fue contado desde quienes vivieron esa transformación.

SALIÓ DE MÉXICO EN 1840 Y TERMINÓ EN FRANCIA

El manuscrito abandonó México en 1840 y pasó por diferentes colecciones antes de incorporarse definitivamente a la Biblioteca Nacional de Francia. La institución francesa señala que el códice llegó a Europa ese mismo año y fue legado a la Biblioteca Nacional en 1898. Desde entonces permaneció bajo su resguardo. Su regreso actual no representa una restitución permanente. Se trata de un préstamo temporal realizado dentro de un intercambio cultural entre ambos países. Como parte del acuerdo, el Códice Boturini viajará a Francia para exhibirse en la Biblioteca Nacional francesa. El intercambio permite que públicos de ambos países tengan contacto directo con documentos que normalmente permanecen separados por miles de kilómetros.

VER EL ORIGINAL CAMBIA LA RELACIÓN CON LA HISTORIA

Existe una diferencia entre estudiar una reproducción y encontrarse frente al documento original. El tamaño, los materiales, el desgaste y la conservación también forman parte de aquello que una fotografía difícilmente transmite. El Códice Azcatitlan ha sido reproducido y estudiado durante décadas, pero su presencia física en México permite otra relación con la pieza. El visitante ya no observa solamente información histórica. Se encuentra frente a un objeto que recorrió continentes, sobrevivió durante siglos y conserva las huellas de quienes intentaron explicar su pasado mediante imágenes. El Museo Nacional de Antropología lo presenta ahora dentro de una exposición que también busca explicar su manufactura, trayectoria y contexto histórico.

UNA MEMORIA QUE REGRESA, AUNQUE SEA TEMPORALMENTE

El regreso también abre una discusión sobre dónde deben encontrarse los objetos que forman parte de la memoria histórica de una sociedad. Museos y bibliotecas internacionales conservan numerosos documentos mesoamericanos que salieron de México durante distintos momentos históricos. El préstamo del Azcatitlan no resuelve ese debate, pero permite algo poco frecuente: que una pieza conservada en Europa vuelva temporalmente al territorio cuya historia representa. Durante más de tres meses, investigadores, estudiantes y visitantes podrán encontrarse directamente con ella. Después regresará a Francia. Quizá ahí resida la fuerza simbólica de esta exposición: durante unas semanas, un manuscrito que cuenta el recorrido de los mexicas también completa su propio viaje y vuelve a ser observado desde México.