El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco) prepara una colección permanente que busca redefinir la identidad del recinto y abrir una nueva etapa para el arte contemporáneo del norte de México. El proyecto, previsto para inaugurarse en 2027, estará a cargo de la curadora bajacaliforniana Sofía Hernández Chong Cuy, quien asumirá el nuevo puesto de curadora-at-large. Su trabajo partirá de una investigación sobre las escenas artísticas de los estados fronterizos y sus vínculos con Estados Unidos. Además, el museo destinará una planta completa de su edificio a este acervo, una decisión que representa un cambio relevante en su modelo de exhibición y en la manera de narrar la producción artística regional.
Hernández Chong Cuy cuenta con más de dos décadas de experiencia en el ámbito del arte contemporáneo. Entre sus cargos destacan la dirección del Kunstinstituut Melly, en Róterdam; su trabajo como curadora de la Colección Patricia Phelps de Cisneros y la dirección del Museo Tamayo en Ciudad de México. También participa en proyectos culturales en Mexicali y forma parte del colectivo 100 Grados de Arte. Para Taiyana Pimentel, directora de Marco, su incorporación permitirá sumar una visión internacional con arraigo en el norte del país. La designación surgió después de dos años de conversaciones y recibió el respaldo unánime del Consejo Directivo, con financiamiento de la filántropa Yolanda Santos de Hoyos.
Durante el primer año, Hernández Chong Cuy concentrará sus esfuerzos en investigación y trabajo de campo para determinar cómo articular el acervo histórico que Marco ha construido desde su apertura en 1991. La colección permanente no buscará presentar al norte únicamente como una frontera geográfica, sino como un espacio cultural marcado por transformaciones económicas, sociales y artísticas. En ese proceso, el museo contempla sumar obras mediante préstamos, donaciones, comodatos y colaboraciones con artistas y coleccionistas. La propuesta también tendrá una dimensión educativa, con la intención de convertir la nueva sala en un espacio de aprendizaje continuo. Así, el proyecto podría ampliar la visibilidad internacional de creadores y discursos que con frecuencia quedan fuera de las narrativas centradas en Ciudad de México.
La iniciativa también pone sobre la mesa el papel del financiamiento privado en el desarrollo cultural. Yolanda Santos de Hoyos, integrante fundadora del museo, considera necesaria una mayor participación de la iniciativa privada ante lo que percibe como una insuficiente intervención del Estado en la promoción artística fuera de la capital. Desde la perspectiva de Marco, estas alianzas pueden generar recursos, investigación y nuevas oportunidades para fortalecer el patrimonio regional. Sin embargo, el reto será equilibrar ese respaldo con una visión curatorial independiente y crítica. En este contexto, la nueva colección podría convertirse en una plataforma para conectar a Monterrey con otras ciudades del norte y con circuitos internacionales, al tiempo que revisa la historia cultural de una región transformada profundamente desde los años noventa.
El proyecto de Marco llega en un momento en que los museos buscan ampliar sus relatos y cuestionar las perspectivas culturales concentradas históricamente en el centro del país. La apuesta por una colección permanente permitirá al recinto trabajar con mayor profundidad su propio acervo y, al mismo tiempo, incorporar voces, archivos y obras vinculadas con el norte de México. Su relevancia no dependerá únicamente de ocupar una nueva planta del edificio, sino de la capacidad del museo para construir una narrativa que represente la diversidad artística de la región y sus conexiones transfronterizas. Si la investigación logra traducirse en adquisiciones, alianzas y programas educativos sólidos, Marco podría fortalecer su papel como referente cultural del norte con proyección más allá de México.
