La inflación en Estados Unidos registró un fuerte repunte durante marzo, impulsada por la crisis energética global. En este contexto, el aumento de la inflación en EE. UU. refleja el impacto directo del conflicto con Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz. Además, los precios al consumidor crecieron 0,9 por ciento mensual, el mayor incremento en años recientes. Este aumento superó ampliamente el 0,3 por ciento registrado en febrero. Asimismo, el encarecimiento de los combustibles presionó el gasto de los hogares. Por ello, expertos advierten que la estabilidad de precios tardará varios meses en consolidarse, incluso tras el reciente alto al fuego entre las naciones involucradas.
Por otra parte, el incremento en los costos energéticos explica gran parte de la presión inflacionaria. La gasolina subió 21,2 por ciento en marzo, mientras el fueloil superó el 30 por ciento. Además, el índice energético general avanzó 10,9 por ciento, su mayor alza desde 2005. Este escenario surgió tras el cierre del estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio petrolero mundial. Antes del conflicto, cerca del 20 por ciento del petróleo global transitaba por esa vía. Aunque el precio del crudo bajó tras la tregua, los niveles se mantienen elevados. En consecuencia, los consumidores continúan pagando más de cuatro dólares por galón de gasolina.
Finalmente, el impacto económico también afecta la percepción social. La confianza del consumidor cayó a un mínimo histórico de 47,6 puntos, según la Universidad de Michigan. Esta cifra refleja una caída considerable frente al nivel de marzo. Además, los hogares anticipan un incremento de la inflación en los próximos meses. En este escenario, el aumento de la inflación en EE. UU. genera incertidumbre en todos los sectores sociales. Incluso, el deterioro del ánimo económico ocurre en distintos grupos de edad e ingresos. Por lo tanto, analistas señalan que la recuperación dependerá de la estabilidad geopolítica y del comportamiento futuro del mercado energético.
