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CRISIS DE AGUA EN AGUASCALIENTES PUEDE ALCANZAR SU LÍMITE EN TRES AÑOS

El Geologo Arturo Sotelo advierte crisis del agua en Aguascalientes podría agravarse en tres años por sobreexplotación y mala gestión del acuífero

Hector Cortes
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CRISIS DE AGUA EN AGUASCALIENTES PUEDE ALCANZAR SU LÍMITE EN TRES AÑOS

La crisis del agua en Aguascalientes podría agravarse de forma crítica en un plazo máximo de tres años, según advirtió el ingeniero geólogo Arturo Sotelo, quien expuso que el estado está cerca de agotar las capas subterráneas que realmente almacenan agua. El especialista señala que, sin cambios urgentes en la gestión del recurso, la entidad enfrentará no solo escasez, sino también un deterioro severo en la calidad del agua disponible.

El diagnóstico parte de un estudio geológico detallado del Valle de Aguascalientes, elaborado por el propio Sotelo a partir de fotografías aéreas y trabajo de campo. En este análisis, identifica que solo los depósitos más recientes —compuestos por arenas y gravas— son capaces de almacenar agua. Sin embargo, debajo de estas capas se encuentran formaciones volcánicas, glaciares y rocas antiguas que no son porosas ni permeables, lo que significa que no pueden contener agua útil para consumo humano.

Además, el especialista explica que la sobreexplotación del acuífero ha llevado a perforaciones cada vez más profundas. Actualmente, se extrae agua desde profundidades de entre 300 y 400 metros, lo que indica que se está llegando al límite de las capas productivas. En este contexto, la crisis del agua en Aguascalientes no solo implica escasez futura, sino un riesgo inmediato de colapso en el suministro.

Otro punto crítico es el desequilibrio entre la recarga natural y la extracción. De acuerdo con datos oficiales citados en la entrevista, el acuífero recibe aproximadamente 290 millones de metros cúbicos de agua al año, pero se extraen más de 550 millones. Esto genera un déficit significativo que provoca el descenso del nivel freático hasta tres metros anuales, obligando a perforar más profundo y elevando los costos, además de empeorar la calidad del agua.

El problema se agrava por el uso intensivo del recurso en actividades agrícolas, ya que cerca del 70% del agua subterránea se destina al sector agrícola, y dentro de este, los cultivos forrajeros consumen casi la mitad del total extraído. Este dato resulta especialmente relevante, ya que estos cultivos tienen un bajo valor productivo en comparación con su alto consumo de agua, lo que plantea un desequilibrio en el modelo económico del estado.

En contraste, el geólogo propone incentivar cultivos como hortalizas y frutales, que requieren menos agua y generan mayor valor. Este cambio, afirma, podría reducir significativamente la presión sobre el acuífero y acercar al estado a un equilibrio hídrico sin necesidad de inversiones millonarias.

Por otro lado, Sotelo critica proyectos gubernamentales anteriores, como los planes de recarga artificial del acuífero mediante agua tratada. Según su análisis, estas iniciativas implicaban altos costos y bajo impacto real, ya que solo cubrirían una pequeña parte del déficit hídrico. Además, advierte sobre el riesgo de contaminación si el agua tratada no cumple con estándares adecuados.

Como alternativa, propone soluciones basadas en la geología del valle, como aprovechar las fallas naturales del terreno para infiltrar agua de lluvia o construir pequeñas presas de captación. Estas opciones, asegura, serían más económicas y efectivas a largo plazo.

Otro aspecto relevante es la falta de información pública y coordinación institucional. El especialista señala que no existe acceso a datos completos sobre la profundidad de los pozos ni sobre las capas geológicas explotadas, lo que dificulta la toma de decisiones informadas. También denuncia la falta de interés de autoridades para escuchar propuestas técnicas, lo que limita la implementación de soluciones.

A esto se suma el problema de la calidad del agua ya que, al extraer líquido de capas más profundas, aumenta la presencia de minerales y contaminantes como arsénico, flúor y metales pesados. Esto tiene implicaciones directas en la salud pública, especialmente en enfermedades renales, donde Aguascalientes ocupa uno de los primeros lugares a nivel nacional.

En este contexto, la crisis no solo es ambiental, sino también social y sanitaria. La población con menos recursos es la más afectada, ya que depende del agua de la red pública para consumo diario, mientras que otros sectores pueden acceder a agua embotellada.

El llamado final del especialista es claro: sin presión social y sin decisiones políticas firmes, el problema seguirá posponiéndose hasta que sea irreversible. La situación actual, advierte, exige acciones inmediatas, desde cambios en el uso agrícola hasta una mejor gestión del agua subterránea.

La advertencia no es menor. De cumplirse el escenario planteado, Aguascalientes enfrentaría una crisis estructural que impactaría su desarrollo económico, su salud pública y su estabilidad social. La pregunta ya no es si habrá escasez, sino cuándo y qué tan preparada está la entidad para enfrentarla.

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