Ciencia

LA CIENCIA REVELA LA RECETA OCULTA DEL ARTE EGIPCIO

Las pinturas del antiguo Egipto revelan proteínas de animales, sésamo y moringa gracias a nuevas técnicas de paleoproteómica

Allan Cortés3 min de lectura
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LA CIENCIA REVELA LA RECETA OCULTA DEL ARTE EGIPCIO

Una investigación publicada a finales de agosto de 2026 en Science Advances reveló que algunas pinturas del antiguo Egipto contenían mucho más que pigmentos minerales. Un equipo internacional identificó proteínas procedentes de animales y plantas en sarcófagos, cartonajes funerarios, pinturas murales y elementos arquitectónicos fechados entre 1425 a. C. y 400 d. C. Los científicos analizaron piezas conservadas en museos de Estocolmo, Londres y Copenhague mediante proteómica de espectrometría de masas. Detectaron colágeno utilizado como adhesivo o aglutinante, además de proteínas de sésamo y moringa. El hallazgo importa porque permite reconstruir parte de las recetas de los talleres egipcios y demuestra que sus materiales fueron más diversos de lo que se pensaba.

COLAS DE DISTINTOS ANIMALES AYUDABAN A FIJAR EL COLOR

Para fabricar una pintura no basta con obtener un color. El pigmento necesita un material que ayude a fijarlo sobre madera, piedra o yeso. Los egipcios utilizaron distintos aglutinantes y adhesivos, entre ellos gomas vegetales, huevo y colas animales. El nuevo trabajo llevó esa identificación a un nivel más preciso. Los investigadores estudiaron 28 micromuestras procedentes de 14 objetos y encontraron colágeno relacionado con ganado, ovejas o cabras, burros, caballos y posiblemente antílopes. Esto no significa que los artistas pintaran directamente con “partes de animales”. En muchos casos procesaban huesos, pieles u otros tejidos ricos en colágeno para producir una cola que después mezclaban o aplicaban durante la preparación de las superficies.

SÉSAMO Y MORINGA APARECEN ENTRE LOS INGREDIENTES

Las pinturas del antiguo Egipto también escondían una sorpresa vegetal. El equipo identificó proteínas de semillas de sésamo y moringa, materiales que no se habían documentado molecularmente en este tipo de obras. En una muestra de pintura aparecieron proteínas asociadas con ambas plantas. El descubrimiento abre varias posibilidades, aunque todavía no permite establecer una explicación definitiva. Estos productos pudieron cumplir una función técnica dentro de la preparación o formar parte de mezclas más complejas. También pudieron tener algún significado cultural. Clara Granzotto, autora principal, ha señalado que la moringa tuvo asociaciones religiosas dentro de Egipto. Sin embargo, será necesario combinar química, arqueología y fuentes históricas antes de atribuir una intención específica a su utilización.

LA PALEOPROTEÓMICA LEE HUELLAS INVISIBLES

La clave del descubrimiento está en la paleoproteómica, una disciplina que estudia proteínas antiguas conservadas en objetos, restos humanos y materiales arqueológicos. Primero, los especialistas extraen una muestra diminuta. Después aíslan las proteínas y las fragmentan en péptidos. La espectrometría de masas permite reconocer esas secuencias y compararlas con bases de datos actuales. Así pueden determinar qué organismo produjo algunas de ellas. El proyecto EGYPTOMICS ya había demostrado el potencial de esta metodología para investigar materiales pictóricos egipcios. Su principal ventaja radica en el nivel de detalle biológico. Otras técnicas pueden detectar que existe un compuesto orgánico. La proteómica, en determinados casos, puede avanzar hasta identificar el animal, planta o tejido que proporcionó ese material.

LA QUÍMICA TAMBIÉN PUEDE REESCRIBIR LA HISTORIA DEL ARTE

El descubrimiento importa tanto para la historia como para la conservación. Conocer la composición de una pintura permite entender cómo trabajaban los artesanos, qué recursos tenían disponibles y cómo adaptaban sus recetas. Además, esta información ayuda a diseñar tratamientos de restauración compatibles con los materiales originales. El estudio tampoco propone una única fórmula para todo Egipto. Al contrario, revela una considerable variedad de ingredientes entre diferentes objetos. Esto obliga a abandonar la imagen de talleres que repetían recetas completamente uniformes durante siglos. Miles de años después, moléculas invisibles conservan información que ningún escriba registró. La química no sustituye a la arqueología ni a la historia del arte. Las complementa y permite formular nuevas preguntas sobre obras que parecían perfectamente conocidas.