Medicamentos para diabetes, hipertensión, ansiedad y epilepsia aparecen entre ropa usada, zapatos y objetos de segunda mano en mercados de Iztapalapa y Nezahualcóyotl. Una investigación publicada este 26 de octubre documentó cajas con la leyenda “Propiedad del Sector Salud” y “Prohibida su venta”, además de productos caducos o almacenados sin condiciones adecuadas. Algunos comerciantes los ofrecen hasta 80% más baratos que una farmacia formal. El mercado negro de medicamentos no se limita a productos falsificados: también incorpora fármacos robados, desviados, abandonados o recuperados entre residuos. En todos los casos existe el mismo problema: quien los compra desconoce cómo llegaron hasta ahí y qué ocurrió con ellos antes de consumirlos.
MEDICAMENTOS PÚBLICOS QUE TERMINAN EN VENTA
La investigación de La Jornada constató la presencia de medicamentos destinados originalmente al sector público en tianguis de Ciudad de México y Estado de México. La Norma Oficial Mexicana permite que estos productos lleven impresas las leyendas “Propiedad del Sector Salud” o “Prohibida su venta”. Por lo tanto, cuando un envase identificado de esa manera aparece en un puesto comercial, su presencia fuera del circuito institucional requiere explicación.
El origen no parece ser único. El reportaje recoge casos de productos que habrían salido de hospitales, medicamentos entregados por particulares y otros recuperados de la basura. Juvenal Becerra, presidente de la Unión Nacional de Empresarios de Farmacias, también denunció la existencia de pepenadores que buscan fármacos desechados para reintroducirlos al comercio informal. Esa afirmación proviene del sector farmacéutico y no equivale, por sí misma, a demostrar una red criminal específica.
EL PROBLEMA NO TERMINA EN LA FECHA DE CADUCIDAD
Un medicamento puede encontrarse dentro de su fecha vigente y aun así haber perdido condiciones de seguridad. El calor, la humedad, la exposición directa al sol o una refrigeración incorrecta pueden alterar algunos productos. Cofepris advierte que, cuando un medicamento sale de la cadena autorizada, se pierde su trazabilidad. Ya no existe certeza sobre almacenamiento, transporte o manipulación.
Por eso resulta especialmente grave que algunos productos aparezcan sobre el suelo o junto con mercancía usada. El mercado negro de medicamentos vende una apariencia de normalidad: una caja cerrada puede parecer idéntica a la de una farmacia. Sin embargo, el empaque no demuestra que el contenido se mantuvo en condiciones adecuadas. Cofepris también ha alertado sobre productos adulterados, falsificados, caducos y medicamentos destinados a destrucción que vuelven al mercado irregular.
“TODAVÍA SIRVE”: UNA AFIRMACIÓN QUE PUEDE COSTAR SALUD
Durante el recorrido periodístico, algunos vendedores aseguraron que los medicamentos cercanos a su fecha de caducidad podían utilizarse durante varios meses adicionales. No existe una regla general que permita extender de manera informal la vigencia impresa en un medicamento. El IMSS recomienda eliminar los productos vencidos y no consumir aquellos que presenten cambios en olor, textura o apariencia. También recuerda que algunos necesitan temperaturas específicas para conservarse.
El riesgo tampoco consiste únicamente en una posible intoxicación. Un medicamento que perdió potencia puede no controlar adecuadamente una enfermedad. Esto resulta especialmente delicado en tratamientos para padecimientos crónicos. Autoridades sanitarias han advertido además sobre contaminación, manipulación, reetiquetado y pérdida de eficacia terapéutica en productos que circulan fuera del mercado regulado.
EL NEGOCIO ILEGAL MUEVE MILES DE MILLONES, PERO LA CIFRA NO ES OFICIAL
La Unión Nacional de Empresarios de Farmacias calcula que el comercio ilegal de medicamentos podría alcanzar 38 mil 500 millones de pesos durante 2026. El organismo estima que ahí entran productos falsificados, robados y caducos. También calcula un crecimiento cercano a 6% frente al año anterior.
Hay que colocar esa cifra en su dimensión correcta. Se trata de una estimación empresarial, no de un cálculo oficial del Gobierno Federal. Aun así, el problema cuenta con evidencia más allá del gremio. Cofepris mantiene una plataforma actualizada de distribuidores irregulares y ha emitido alertas por medicamentos robados y falsificados. En octubre, Canifarma también reportó productos del sector salud ofrecidos en Mercado Libre y Facebook, incluso con las leyendas institucionales visibles.
TIRAR MEDICINAS A LA BASURA TAMBIÉN ALIMENTA EL PROBLEMA
Parte del circuito comienza dentro de los hogares. Un tratamiento termina, queda media caja y el medicamento termina en una bolsa de basura. A partir de ahí ya no existe control sobre su destino. El sistema SINGREM recibe medicamentos caducos o sobrantes en contenedores especiales y posteriormente los entrega para su destrucción mediante procesos autorizados.
El IMSS recomienda no tirar estos productos al drenaje ni a la basura común. También aconseja destruir o marcar los envases utilizados para evitar su reutilización.
Ese detalle conecta al consumidor con un problema mucho mayor. Cuando un medicamento desechado puede regresar a una mesa de tianguis, el manejo de residuos deja de ser solamente una cuestión ambiental y se convierte en un asunto de seguridad sanitaria.
LA PREGUNTA QUE SIGUE ABIERTA ES CÓMO LLEGARON AHÍ
Detectar una caja del sector público en un mercado demuestra una irregularidad, pero no identifica automáticamente al responsable. Puede existir robo durante el transporte, desvío dentro de una cadena de distribución, sustracción institucional o recuperación posterior al desecho. La Secretaría de Seguridad ha reconocido que los medicamentos ilegales pueden provenir de robos durante su traslado, instituciones públicas, clínicas y hospitales.
Cofepris incluso ha participado anteriormente en operativos donde se aseguraron medicamentos del sector salud vendidos de forma irregular y se investigó a personas relacionadas con su extracción.
Ahí está la investigación que todavía falta: no solamente decomisar lo que aparece sobre una mesa, sino reconstruir lote por lote cómo un medicamento comprado con recursos públicos, o destinado a destruirse, termina nuevamente convertido en mercancía.
