Anthropic desarrolló en 2024 una estrategia para conseguir millones de libros, retirar sus lomos, escanear cada página y aprovechar esa información en el entrenamiento de sus modelos de inteligencia artificial. La compañía mantuvo en secreto los detalles del denominado Proyecto Panamá hasta que documentos judiciales revelaron la magnitud de una operación que abrió nuevamente el debate sobre los derechos de autor y el desarrollo acelerado de esta tecnología.
El caso tomó relevancia después de que un juez de distrito en Estados Unidos hiciera públicos más de 4 mil páginas relacionadas con una demanda por derechos de autor. Los documentos mostraron que Anthropic compró millones de ejemplares usados y contempló destruir físicamente los libros después de digitalizar su contenido, mientras especialistas explicaron que los modelos de inteligencia artificial necesitan enormes cantidades de información para generar respuestas y realizar inferencias.
Ismael Everardo Bárcenas Patiño, responsable del Laboratorio de Inteligencia Artificial Microsoft de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó que los modelos requieren información especializada para responder preguntas relacionadas con ámbitos como la medicina, la educación y otras áreas. Rocío Aldeco Pérez, especialista en criptografía, cadena de bloques y sistemas distribuidos, señaló que las empresas también buscan materiales que todavía permanecen fuera del universo digital.
Los especialistas consideran que el Proyecto Panamá refleja una competencia tecnológica que también plantea interrogantes sobre el uso de obras protegidas. Aldeco Pérez señaló que numerosos libros antiguos nunca llegaron a formatos digitales, por lo que representan una fuente potencial de información para mejorar los modelos de aprendizaje. Bárcenas Patiño añadió que, cuando las empresas obtienen beneficios económicos mediante sistemas entrenados con obras protegidas, resulta necesario discutir mecanismos que reconozcan los derechos de quienes producen esos contenidos.
Un juez determinó que Anthropic podía utilizar libros adquiridos legalmente para entrenar sus modelos, debido al carácter transformador que atribuyó al proceso. Sin embargo, la resolución mantuvo abierta la controversia relacionada con materiales provenientes de fuentes que infringían derechos de autor. El caso coloca nuevamente a la inteligencia artificial frente a un dilema que involucra innovación, propiedad intelectual, acceso al conocimiento y modelos de negocio capaces de generar enormes ganancias.
México todavía enfrenta limitaciones importantes para desarrollar una operación con las dimensiones del Proyecto Panamá, principalmente por la falta de infraestructura de cómputo, centros de datos y equipos especializados. Aun así, el país concentra grandes volúmenes de información que podrían interesar a compañías extranjeras, desde producción editorial y contenidos públicos hasta datos gubernamentales y materiales generados diariamente por usuarios de plataformas digitales.
Ante este escenario, los especialistas plantean que México necesita impulsar tecnología propia y establecer reglas claras para determinar cómo pueden utilizarse las obras y los datos durante el entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial. La discusión también involucra la soberanía tecnológica, pues universidades, empresas y autoridades deberán definir mecanismos que permitan aprovechar los avances tecnológicos sin dejar desprotegidos a autores, instituciones y ciudadanos frente al uso comercial de su información.
