Durante las fiestas patrias, la comunidad de La Venta, en Dolores Hidalgo, Guanajuato, abrió sus puertas para mostrar una parte de su historia que va mucho más allá de la celebración del Grito de Independencia. En nuestro recorrido por la localidad conocimos espacios, personajes y tradiciones que continúan formando parte de la vida cotidiana de sus habitantes: desde una fábrica de quesos y antiguos oficios familiares, hasta el Templo de San Isidro Labrador, El Calvario y una tarde de novillada. La visita permitió descubrir cómo una comunidad puede conservar su identidad a través de las generaciones, mientras sus habitantes mantienen vivas prácticas que forman parte de su patrimonio. Además, La Venta cuenta con antecedentes históricos ligados al Camino Real de Tierra Adentro y al desarrollo de la región.
Uno de los primeros puntos del recorrido fue una fábrica de quesos, donde conocimos parte del proceso que convierte la leche de vaca en productos como queso fresco y asadero. La visita también permitió observar las medidas de higiene necesarias antes de ingresar a las áreas de producción y conocer, paso a paso, parte del trabajo que existe detrás de un alimento que forma parte de la gastronomía cotidiana. Después, el recorrido tomó un rumbo más histórico al visitar El Calvario, una antigua construcción utilizada como espacio funerario. De acuerdo con la historia que se conserva en la comunidad, este sitio tuvo relación con los entierros de personas que fallecieron durante periodos de enfermedades contagiosas. El lugar todavía conserva elementos de piedra, cruces y una pequeña capilla que recuerda su pasado.
Pero si algo permite entender la identidad de La Venta es conocer a las personas que mantienen sus oficios y expresiones culturales. Durante la visita conversamos con Don Toño Conejo, herrero de tercera generación, quien contó cómo él y su hermano continuaron el trabajo familiar, aunque en algún momento también imaginó dedicarse a la agricultura. Hoy, sus hijos comienzan a incorporarse al negocio, manteniendo una tradición que se adapta a nuevos proyectos y necesidades. También conocimos a un pintor originario de la comunidad, quien comenzó a dibujar desde niño y, aunque estudió Agronomía en Ciudad de México, terminó encontrando en la pintura una forma de vida. Entre sus trabajos destaca una representación del antiguo aspecto del templo y los ángeles que pintó para el propio recinto. El Templo de San Isidro Labrador, dedicado al santo patrono de la comunidad, forma parte de este patrimonio.
La jornada cerró con una de las tradiciones que más reúne a la comunidad: la novillada en la Plaza de Toros La Venta. El ambiente reunió a personas de distintas edades y convirtió el festejo patrio en un punto de encuentro entre generaciones. Ahí también tuvimos la oportunidad de conversar con el novillero Alejandro Rodríguez “El Sígala”, quien compartió parte de su preparación diaria, la pasión que siente por el toreo y la diferencia entre un novillero y un matador de toros. La novillada formó parte del programa patrio del 16 de septiembre y contó con varios jóvenes participantes; durante el festejo, “El Sígala” dio una vuelta al ruedo y recibió una ovación.
Más que una visita durante las fiestas patrias, el recorrido por La Venta permitió conocer una comunidad en la que la tradición no permanece únicamente en los edificios o en los libros de historia: también vive en las manos de quienes trabajan, crean y enseñan lo aprendido por sus familias. El queso, el hierro, la pintura, la arquitectura religiosa y la tauromaquia forman parte de un mismo paisaje cultural que continúa transformándose sin perder sus raíces. En una época en la que muchas tradiciones pueden quedar relegadas por el paso del tiempo, conocer historias como estas también ayuda a entender por qué vale la pena mirar más allá de los destinos turísticos conocidos y descubrir las comunidades que mantienen viva la memoria de una región.
