A partir del ciclo escolar 2026-2027, estudiantes de tercero de secundaria y de Educación Media Superior tendrán una hora semanal de actividades enfocadas en reconocer y manejar sus emociones. La medida forma parte de la Estrategia Nacional de Atención a la Salud Mental para las y los Jóvenes, denominada “El ABC de las emociones”, que impulsa el Gobierno de México y está dirigida principalmente a adolescentes de entre 14 y 18 años. El objetivo es que los jóvenes desarrollen herramientas para identificar lo que sienten, hablar de sus emociones y reconocer cuándo necesitan apoyo. Con ello, la salud mental en jóvenes busca ocupar un espacio más visible dentro de la formación escolar.
La estrategia contempla actividades socioemocionales que se desarrollarán de manera semanal dentro de las comunidades educativas. Además, las autoridades anunciaron la distribución de 16 millones de guías dirigidas a estudiantes, docentes, madres, padres y personas cuidadoras, con información y orientación para acompañar a los adolescentes. La participación de estos sectores resulta relevante porque el bienestar emocional no depende únicamente de lo que ocurre dentro del salón de clases. Familia y escuela pueden detectar cambios de conducta, generar espacios de confianza y facilitar que un estudiante solicite ayuda cuando enfrente una situación que rebase sus recursos personales. Así, el programa plantea una responsabilidad compartida para fortalecer el acompañamiento de los jóvenes.
La salud mental en jóvenes representa uno de los principales retos que busca atender esta iniciativa desde un enfoque preventivo. En lugar de esperar a que aparezca una situación de crisis para intervenir, el programa pretende que los adolescentes aprendan a reconocer sus emociones y cuenten con recursos para enfrentarlas de manera adecuada. También busca abrir conversaciones que muchas veces permanecen fuera de las aulas, como el miedo, la tristeza, el estrés, la frustración o la necesidad de pedir ayuda. Sin embargo, las actividades socioemocionales no sustituyen la atención profesional cuando existe un problema que requiere intervención especializada. Su valor está en fortalecer habilidades y facilitar la detección oportuna de posibles señales de alerta.
La incorporación de estas actividades también modifica la manera en que se entiende la formación escolar. Aprender matemáticas, ciencias o lenguaje sigue siendo fundamental, pero los estudiantes enfrentan diariamente situaciones personales y sociales que pueden influir en su desempeño, sus relaciones y su permanencia en la escuela. Por ello, enseñar a reconocer y expresar emociones puede contribuir a construir ambientes escolares con mayor comunicación y acompañamiento. El desafío estará en que docentes y familias cuenten con herramientas suficientes para aplicar el programa de manera útil y sensible. Si logra integrarse a la vida cotidiana de las escuelas, “El ABC de las emociones” podría convertirse en un paso importante para que hablar del bienestar emocional deje de ser un tema secundario en la educación.
