Dos mil 500 estudiantes de secundaria y bachillerato formarán parte de una nueva red de apoyo entre pares para promover la salud mental juvenil en escuelas de Aguascalientes. La estrategia, presentada bajo el nombre “Positivamente”, busca que las y los alumnos aprendan a escuchar, identificar señales de alerta y orientar a sus compañeros hacia servicios profesionales cuando sea necesario. El programa parte de una idea sencilla, pero delicada: muchas veces un adolescente habla primero con otro adolescente antes que con un adulto. Por eso, el reto no está solo en crear una red, sino en dejar claro hasta dónde puede acompañar un estudiante y en qué momento debe intervenir personal especializado.
2 MIL 500 ESTUDIANTES SERÁN EMBAJADORES
Durante el arranque de la estrategia, la gobernadora Tere Jiménez tomó protesta a la Red de Embajadoras y Embajadores de la Salud Mental. Sus integrantes promoverán empatía, escucha activa y detección de señales que requieran atención.
La intención es que funcionen como un primer puente de contacto dentro de las escuelas. No sustituirán a psicólogos, médicos o especialistas.
Ahí está una de las claves del programa. Convertir a estudiantes en figuras de apoyo puede ayudar a romper silencios, pero también exige capacitación suficiente para evitar que carguen con situaciones que rebasan sus posibilidades.
MÁS DE 31 MIL ESTUDIANTES YA HAN PARTICIPADO
La estrategia se suma al programa “Sentir, Hablar, Sanar”, que hasta ahora ha impartido mil 187 talleres en 277 escuelas.
De acuerdo con autoridades estatales, más de 31 mil estudiantes han participado en estas actividades. Las sesiones buscan enseñar a reconocer emociones, expresarlas de forma adecuada y saber cuándo pedir ayuda.
La salud mental juvenil no depende únicamente de hablar sobre emociones. También requiere acceso real a servicios, seguimiento y atención oportuna cuando aparece una situación de riesgo.
Por eso, el alcance del programa deberá medirse no solo por el número de talleres impartidos, sino por cuántos casos logran canalizarse y recibir acompañamiento profesional.
ESCUCHAR NO ES LO MISMO QUE TRATAR
Uno de los puntos más importantes del proyecto será establecer límites claros para los embajadores estudiantiles.
Escuchar a un compañero puede ser útil. Detectar un cambio de conducta también. Sin embargo, un adolescente no debe asumir funciones clínicas ni cargar con la responsabilidad de resolver una crisis emocional.
El programa contempla que quienes detecten señales de alerta faciliten el acercamiento a servicios especializados. Además, se recordó la disponibilidad de la Línea Vive, a través del número 075, para orientación y apoyo.
La diferencia entre acompañar y tratar no es menor. Una red escolar puede abrir una puerta, pero la atención profesional debe seguir siendo el paso central cuando existe un problema serio.
LA SALUD EMOCIONAL SALE DEL SALÓN DE CLASES
La estrategia también contempla llevar campañas de sensibilización a redes sociales, medios de comunicación y espacios comunitarios.
Esto responde a una realidad evidente: los problemas emocionales de los adolescentes no comienzan ni terminan dentro de la escuela.
Familia, amistades, redes sociales, presión académica y expectativas personales forman parte del entorno que influye en su bienestar.
Por eso, generar espacios donde puedan hablar sin miedo a ser juzgados puede ayudar. Sin embargo, el verdadero desafío será sostener esa escucha cuando aparezca una necesidad que requiera atención especializada.
EL RETO SERÁ QUE LA RED NO SE QUEDE EN EL DISTINTIVO
Nombrar embajadores y entregar distintivos puede ayudar a visibilizar el tema. Pero el resultado dependerá de lo que ocurra después.
Será necesario saber cómo se capacitará de manera continua a los estudiantes, quién supervisará sus intervenciones y qué protocolos se activarán cuando aparezca una señal de riesgo.
La prevención funciona cuando existe una ruta clara entre detectar, escuchar, canalizar y atender.
Si “Positivamente” logra construir ese puente, la red puede convertirse en algo más que una campaña escolar. Puede ayudar a que pedir apoyo deje de verse como un último recurso y se convierta en una decisión normal dentro de la vida cotidiana de los jóvenes.
