El sonido dejó de considerarse únicamente una forma de entretenimiento o una expresión artística para abrirse paso como un campo de estudio con aplicaciones relacionadas con el bienestar físico y mental. Esa es la propuesta que desarrolla el investigador, ingeniero y músico Jordi A. Jauset en su libro Sonidos para tu bienestar: La ciencia del sonido para la mente y el cuerpo, donde reúne investigaciones y experiencias que explican cómo las vibraciones influyen en distintos procesos del organismo.
El autor explica que su interés por este tema nació después de asistir a un concierto meditativo en Barcelona, una experiencia que despertó su curiosidad sobre los efectos que las vibraciones acústicas producían en el cuerpo y la mente. A partir de ese momento inició un proceso de investigación sustentado en evidencia científica con el propósito de comprender los mecanismos biológicos que participan en esa respuesta y compartir ese conocimiento con un lenguaje accesible para un público amplio.
Durante años, la comunidad científica observó con cautela las prácticas relacionadas con el sonido debido a la falta de herramientas para medir sus efectos de manera objetiva. Sin embargo, los avances en neurociencia y en las metodologías de investigación permitieron construir una base empírica más sólida que respalda diversos beneficios del sonido, aunque el propio especialista reconoce que todavía existen numerosas preguntas por responder dentro de este campo de estudio.
Jauset sostiene que la música funciona como un estímulo capaz de favorecer la neuroplasticidad y de activar circuitos relacionados con las emociones, la memoria y la recompensa. Cuando las vibraciones llegan al organismo, el sistema auditivo las transforma en impulsos eléctricos que recorren el sistema nervioso hasta el cerebro, donde desencadenan procesos asociados con la liberación de neurotransmisores como la dopamina, la oxitocina y las endorfinas, sustancias vinculadas con la sensación de bienestar.
El investigador también destaca que la percepción sonora no depende únicamente del oído, ya que el cuerpo recibe vibraciones a través de la piel y otros tejidos, lo que convierte la experiencia en un proceso mucho más complejo. Además, aclara que cada persona responde de manera diferente según su contexto, sus experiencias y sus preferencias, por lo que rechaza la idea de que exista una frecuencia universal capaz de producir los mismos efectos positivos en todos los individuos.
Ante un entorno dominado por las notificaciones constantes, el tráfico y otros estímulos que mantienen al cerebro en estado de alerta, el especialista invita a desarrollar una relación más consciente con el ambiente acústico. En lugar de consumir sonidos de manera automática, propone seleccionar aquellos que favorezcan el equilibrio emocional y la relajación, ya que los beneficios del sonido dependen de una exploración personal respaldada por el conocimiento científico y adaptada a las necesidades de cada persona.
