La falta de oportunidades en áreas clave como la vivienda, la educación y la salud está condenando a la mayoría de los jóvenes mexicanos a permanecer atrapados en la pobreza. En un contexto donde las noticias sobre reformas y cambios políticos acaparan la atención, hay una realidad mucho más preocupante que requiere acción inmediata: las oportunidades de ascenso social son prácticamente inexistentes para una gran parte de la población.

El sociólogo Enrique Díaz Infante, director del Sistema Financiero en el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), afirma que “si naces pobre, mueres pobre. Naces rico, mueres rico”. Este sombrío panorama refleja la dura realidad de que el 75% de la población mexicana carece de igualdad de oportunidades en educación y salud, dos factores fundamentales para mejorar el nivel de vida.
En un seminario sobre la crisis financiera de 1994-1995, Díaz Infante expuso que, de cada 10 mexicanos nacidos en pobreza extrema, la mayoría permanece en esa situación a lo largo de su vida. Este fenómeno, según datos del Coneval, es especialmente visible en municipios como León, Guanajuato, Ecatepec, Estado de México, e Iztapalapa, Ciudad de México, donde una gran parte de la juventud sigue atrapada en la pobreza.
Particularmente grave es la situación de los niños y adolescentes indígenas, con el 50.2% viviendo en pobreza extrema y el 93.9% sin acceso a seguridad social, según un estudio conjunto de UNICEF y Coneval. A pesar de los avances en la reducción de la pobreza entre 2020 y 2022, la falta de un sistema de seguridad social universal y un mercado laboral limitado sigue perpetuando la desigualdad.
El panorama laboral es igualmente desolador: el 60% de la población trabaja en la informalidad, lo que reduce significativamente las oportunidades de aquellos que se han preparado académicamente. Además, los jóvenes enfrentan una grave escasez de oportunidades en términos de vivienda, educación y servicios de salud, mientras los programas sociales de Bienestar carecen de recursos y enfrentan una falta de reforma fiscal que podría generar más ingresos para el gobierno.
El futuro para los jóvenes es incierto, y la falta de un modelo de crecimiento inclusivo y sostenible agrava la situación. La pirámide poblacional de México está a punto de cambiar, y será crucial ofrecer soluciones a esta amplia base de jóvenes que pronto formarán la columna vertebral del país. Mientras tanto, la reforma constitucional del programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” permanece congelada en el Senado, sin presupuesto para implementarlo.
Es urgente un cambio en el enfoque del desarrollo y las políticas públicas para garantizar un futuro más justo y equitativo para las próximas generaciones.