La lucha por la protección de los maíces nativos de México lleva ya casi 12 años en pie, y el movimiento Demanda Colectiva Maíz sigue avanzando en su objetivo de evitar la llegada de los cultivos transgénicos a nuestro país. Con el respaldo de las reformas recientemente aprobadas por la presidenta Claudia Sheinbaum, este colectivo busca reforzar sus acciones legales para defender la soberanía alimentaria y la biodiversidad nacional.

Mercedes López Martínez, líder del movimiento y protagonista del reciente documental Semillas de soberanía, explicó que los cambios en los artículos 4 y 27 de la Constitución ofrecen bases sólidas para continuar con la defensa de los maíces nativos, esenciales para la identidad y la seguridad alimentaria de México.
La demanda colectiva, firmada el 5 de julio de 2013 por 52 personas y 22 organizaciones, no solo defiende los maíces, sino también el territorio y las tierras de comunidades indígenas y campesinas, como parte de la campaña “Sin Maíz No Hay País”. El grupo, que ha luchado contra los intereses de las transnacionales agroalimentarias, busca que se emita una declaratoria de prohibición de la siembra de maíz transgénico en México, argumentando el riesgo irreversible que representa para el país, centro originario de este grano.
A pesar de los reveses, como la resolución judicial favorable a las transnacionales, la demanda sigue vigente, con el respaldo de la fundación Pax Natura. Esta organización ha otorgado al movimiento el Premio 2024 en reconocimiento a su valiosa defensa de la biodiversidad mexicana.
López Martínez destacó la importancia de la reciente ratificación de las reformas constitucionales, que fortalecen la lucha de la sociedad civil para proteger las especies nativas, cultivadas durante más de 10,000 años por los pueblos originarios.
En el estreno del documental Semillas de Soberanía, Randall Tolpinrud, presidente de Pax Natura, subrayó la importancia de México como ejemplo mundial de sustentabilidad. En sus palabras, la industria agrícola de Estados Unidos ha priorizado el beneficio económico sobre la salud pública, mientras que México mantiene un vínculo profundo con la tierra y los alimentos sanos, resultado de una tradición ancestral.
Este movimiento sigue siendo clave en la protección de un patrimonio natural invaluable, y su lucha, respaldada por la sociedad civil y el apoyo internacional, continúa marcando el camino hacia un futuro más sostenible para México y el mundo.